El estafador que asoló al sur mendocino será sometido a una rueda de reconocimento

Estafaba a ancianos con el cuento del tío. En Alvear, con su cómplice, se alzaron con más de $1 millón. Los capturaron en San Luis.

Cristian Darío Sánchez (31), el estafador de Guaymallén que fue detenido a fines de julio en San Luis, fue trasladado a General Alvear para rendir cuentas en al menos cinco causas en el departamento sureño, que lo tienen como principal protagonista.

Sánchez y un cómplice de 17 años están sindicados como las personas que recorrieron el sur mendocino timando a una decena de vecinos y si bien entre Malargüe y San Rafael apenas se alzaron con $28.000 en dos hechos, en General Alvear tuvieron gran éxito y se metieron al bolsillo, con el famoso cuento del tío, un botín superior al millón de pesos.

En el mediodía de ayer personal de la división Investigaciones alvearense viajó hasta San Luis para retirar al imputado que estaba alojado en el penal de la vecina provincia y regresaron anoche para que Sánchez esté a disposición de la justicia mendocina.

Las víctimas han sido citadas para hoy a la mañana a la fiscalía y entre las medidas que llevará adelante la fiscal Silvia Agüero está el de someterlo a una rueda de reconocimiento.

Pero lo que pase en Alvear no será lo único que deberá enfrentar Sánchez, el juez Leonardo Estrada en San Luis autorizó el traslado del detenido a tierras mendocinas con una condición, que  lo regresen apenas terminen todas las medidas.

En principio el mendocino estaba involucrado en una sola estafa en San Luis, la perpetrada a Margarita Alaniz (85) a quien le robo $40.000 y 6.000 dólares, sin embargo el magistrado sumó cuatro hechos más y está seguro que por lo menos en tres, es el autor material.

En cuanto al joven de 17 años, fue apresado junto a Sánchez pero al ser menor de edad recuperó rápidamente la libertad.

Los estafadores apuntaban siempre a una víctima de edad avanzada y usaban el mismo cuento en cada caso. Una voz amiga llamaba por teléfono haciéndose pasar por un pariente y cuando entablaba confianza los convencía que se avecinaba una debacle económica. Acto seguido la voz en el teléfono les avisaba que un empleado bancario pasaría a retirar el efectivo que tuviera en la casa y le haría el favor de canjearlo por billetes de otra denominación, más nuevos o por moneda extranjera. Un minuto más tarde alguien golpeaba a la puerta y desaparecía con todo el dinero.

 

Fuente: LosAndes.com.ar

 

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